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REGRESIÓN


Fallido retorno del hijo pródigo.

Llevábamos mucho tiempo sin el que otrora fuera el niño bonito del cine patrio, Alejandro Amenábar, y a más de uno ya nos apetecía volver a verlo tras las cámaras. Por eso, cuando se anunció Regresión fue una doble alegría: volvía el que llegaron a apodar como "El Spielberg español" y además lo hacía con el género donde mejor sabía moverse, el thriller con tintes de terror. Y con esas expectativas iba al cine y me encuentro con un resultado, por mucho que me pese, muy irregular. Demasiado. Qué narices, es una mala película. Sin medias tintas: estamos ante el primer gran patinazo de Amenábar. No llega al desastre absoluto, pero es que hace aguas por demasiados sitios. 

Para empezar, Regresión NO es una película de terror, pese a que tanto el tráiler como el póster que encabeza este post y toda la promoción en general nos hayan vendido lo contrario. Estamos ante un thriller, pero un thriller muy flojo donde hay una trama pésimamente desarrollada y con unos giros tan forzados como ilógicos. No funciona y ello es en parte - sólo en parte - al personaje de Ethan Hawke, hilo conductor de la historia, que NO hay quien se lo crea. Cero carisma, inexpresivo la mayoría de las veces salvo en ciertos momentos que tiene arranques de agresividad que son tan artificiales como improcedentes. Esto es, pasa de cero a cien en medio segundo, encarándose con otros personajes con una bravuconería desproporcionada y sin motivo. No es creíble, y si no lo es el actor a través del cual se está desarrollando la historia el resto del castillo se derrumba solo


Por otra parte, Amenábar siempre ha sido de ir mostrando las piezas de su puzzle poco a poco, mareando al espectador, haciéndole creer una cosa y luego cambiarle la perspectiva con un giro inesperado, hasta llevarle al final y sorprenderle con una bofetada en la cara. Eso, que en otros trabajos sabía manejar con tanta maestría, aquí no se aprecia lo más mínimo. Quizá sea que está oxidado después de tanto tiempo sin rodar, pero lo cierto es que parece que esto lo haya hecho un novato: introduce varios elementos en la historia de una forma abrupta sin entrar a explicar o profundizarlos previamente, hay giros que son sencillamente incoherentes, la trama se desarrolla pésimamente con momentos en los que no pasa nada y otros en los que se resuelven cosas demasiado rápido, apenas vemos escenas que nos mantengan en tensión salvo un par de momentos en que hay un mínimo de terror (y subrayo lo de mínimo, muy mínimo, y no pasan de ser dos) y el final tiene una resolución bastante pobre, en el sentido de que el "cómo" descubre el protagonista el porqué de toda la película roza lo absurdo, además de estar metido con calzador.

Entrando en los personajes, o no están bien desarrollados, o les falta "chicha" o sencillamente no pintan nada y están ahí no se sabe muy bien por qué. Y esto se hace extensivo al protagonista. Emma Watson, sencillamente, pasa sin pena ni gloria aunque es la única que en algún momento tiene algo de interés.

Quizá sea pronto para decir que Amenábar ha perdido la chispa, puede ser sencillamente que estemos ante un tropezón puntual en su carrera, pero lo que está claro es que su regreso tras tantos años de silencio ha sido un fiasco. Y una pena, porque la idea de la que partía la película no era mala, pero está pésimamente desarrollada.



Puntos fuertes:

- El punto de partida de la trama, la idea sobre la que se pretende generar debate.

- Emma Watson y sus puntuales momentos de inspiración.


Flojea en:

- Mal desarrollo de una buena idea.

- El protagonista.

- Comparsa de personajes de relleno con los que es imposible empatizar.

- Una resolución absurda de la trama que, para colmo, empieza a verse venir bastantes minutos antes.



PUNTUACIÓN: 3/10.




GRAVITY



Asfixiante belleza.

A los que nos gusta el cine suele salirnos de vez en cuando un deje friki y algo pedante que nos lleva a presumir de que ya lo hemos visto todo en la gran pantalla, alardeando sobre lo difícil que es que una película nos sorprenda. Sin embargo, ocasionalmente sucede que aparece algún director que nos calla la boca. El mexicano Alfonso Cuarón es uno de ellos, y además tiene el mérito de haberlo conseguido dos veces: una hace siete años con la magnífica Hijos de los Hombres y sus imposibles planos secuencia y ahora con esta impagable Gravity, una obra concebida y ejecutada con un único fin, el de sobrecogernos y enseñarnos que en lo que a las películas de temática espacial se refiere no estaba todo dicho.

Mucho puede escribirse y mucho se está escribiendo de Gravity, todo maravillas por cierto, y creo que con justicia. Cualquier virtud que se destaque de esta película es bien merecida y es posible que hasta se quede corta. Afirmar esto con rotundidad puede parecer exagerado, lo sé, pero esa es la sensación que aún me queda días después de haberla visto. Pocas obras dejan un poso con tan buen sabor de boca como lo hace esta. Cuarón lo consigue mediante un espectáculo que hace que suenen en nuestra mente dos frases que cualquier espectador desea decir cuando ve una película: "Esto no se había visto nunca antes en el cine" y "No sé como narices han conseguido rodar esto".

Partimos de un hecho indiscutible, y es que la premisa inicial del guión es más simple que el mecanismo de un botijo: dos astronautas se quedan aislados en el espacio flotando ingrávidos y deben encontrar el modo de volver a la Tierra. Ya está. A eso se ciñe la historia.  Esto no es necesariamente algo malo, la simplicidad del núcleo argumental no tiene por qué significar que el guión sea algo pobre. Lo importante es que el razonamiento de cómo se va desarrollando esa idea "simple" sea sólido y esté bien construido, que las decisiones de los protagonistas sean coherentes con la trama y que la resolución de por qué se pasa de un punto A a un punto B tenga sentido. Todo eso aquí se consigue y con ello Cuarón coge un punto de partida sencillo para convertirlo en un entretenimiento sobresaliente que apenas concede tregua para respirar, sumergiéndonos del todo en la historia hasta conseguir que abandonemos la sensación de estar viendo una película para empezar a creer que realmente estamos dentro de ella.


Eso es quizá lo más valioso que ofrece Gravity y la palabra que mejor la define: inmersión. Porque hace sentir al espectador como si de verdad estuviese ahí flotando con los astronautas en el vacío del cosmos. Nunca antes nos habían mostrado de una manera tan creíble el trabajo en una estación espacial, convenciéndonos de que es exactamente tal y como se ve en la pantalla, sin trampa ni cartón. Es tal esa sensación de inmersión, que a los pocos minutos de empezar la película ya experimentamos algo que todos intuimos aun sin haber sido nunca astronautas: que estar flotando en el espacio es una experiencia hermosa, pero también aterradora, muy aterradora. Y es que incluso en los momentos previos al catalizador de la acción cuando aún no ha pasado nada, mientras somos testigos de la rutina de los astronautas sin que todavía haya sucedido ningún incidente, ya sentimos lo intimidatorio y amenazante del espacio vacío y negro que constituye el gran villano al que hay que temer en esta película.  Ese es, en fin, uno de los grandes logros de Gravity, hacernos conscientes de que pocas veces vamos a estar tan cerca de saber qué se siente de verdad estando flotando en el cosmos, con nuestro planeta visto desde el exterior como el único e impagable paisaje que nos acompaña

No cabe duda de que esa sensación de realismo e inmersión se consigue en gran medida gracias al trabajo técnico de la cinta, y me estoy refiriendo tanto a los efectos especiales como al modo de rodar de Cuarón. Es esta una de las virtudes que más se está destacando en los medios cinéfilos, y con razón. Hay tomas que sencillamente parecen imposibles de realizar, que como ya he dicho al principio hacen que te preguntes cómo han conseguido rodar esa escena. Ya antes de su estreno oficial fueron noticia los halagos que James Cameron había brindado hacia Gravity tras verla en la Mostra de Venecia, llegando a decir que era la mejor película del espacio jamás rodada y que le había dejado absolutamente anodadado. Es verdad que los elogios entre compañeros de la industria al hablar de sus respectivos trabajos es algo frecuente, un modo más de promoción, pero que esas palabras sean tan contundentes como lo fueron y que vengan del padre de Avatar y Titanic (entre muchas otras) dice mucho. Afortunadamente, se confirma que no resultan desacertados los piropos que lanzó el director hacia el trabajo de Cuarón: el acabado técnico de la película es espectacular, innovador y perfecto a partes iguales, acrecentado además si se ve en tres dimensiones.

Y es aquí donde encontramos un doble filo en la película que puede ser virtud y defecto a la vez, el del tantas veces manido 3D. Personalmente, soy de los que están un poco saturados con esa política de reservar sí o sí unas copias para proyectarlas en ese formato.¿Por qué? Pues primero porque se trata de un recurso que no siempre suma al resultado final de la película. No tiene por qué mejorarlo, de hecho la gran mayoría de las veces no lo hace (tampoco es que lo empeore, sencillamente no aporta nada o casi nada). Segundo, porque a veces ese 3D se ha añadido tras filmar con cámaras en formato convencional. Esto en sí no es malo, el problema viene cuando introduces ese añadido posterior de un modo chapucero, con un filtro poco trabajado que no sólo no consigue que se note la diferencia respecto a la proyección en dos dimensiones, sino que además puede resultar hasta molesto. Y así, el que te cobren un extra en los cines por darte unas gafas para ver una película sin que apenas se saque partido a las tres dimensiones, sin que se mejore el resultado de la cinta y consiguiendo únicamente que sientas mareos, obvio es que no resulta una política que pueda atraer al espectador.

Pero volviendo a Gravity, ¿cómo funciona aquí el formato en tres dimensiones? Pues va en la línea del resto de la película: un acierto más. Se dice que ha sido un añadido posterior. De ser eso verdad, es de esas veces que lo han sabido implantar con maestría, haciendo que en esta ocasión el 3D esté más que justificado.Y no porque haya efectos en la película que busquen expresamente jugar con ese recurso (como por ejemplo el clásico objeto que se lanza hacia la cámara, aunque algo de eso también hay), sino porque la sensación de profundidad que se consigue hace que la inmersión antes explicada suba un escalón más. Tanto, que ahí precisamente radica el doble filo apuntado antes: puede ser que la experiencia de Gravity pierda buena prensa al verla en dos dimensiones. Es obvio que si el 3D está bien hecho siempre dará más espectáculo que el formato en dos dimensiones, pero con esta cinta en concreto puede que la merma sea considerable y le repercuta negativamente. No estoy diciendo ni mucho menos que el que la vea sin el 3D vaya a encontrarse con una película más, del montón. Para nada, Gravity es una maravilla a todos los niveles se vea en tres o en dos dimensiones, pero en esta ocasión el 3D es especialmente destacable y eso podría hacer que injustamente se formase la idea equivocada de que sólo merece la pena verla en ese formato, desmereciendo las muchas otras virtudes que tiene la película. No es eso, la película sigue siendo bonita, terrorífica y claustrofóbica a partes iguales, pero está claro que el 3D aquí es un añadido por el que sí merece la pena pagar un poco más.

Otro de los hitos que distingue a esta película está en los planos secuencia. Cualquiera que sepa algo del estilo de rodar de Cuarón, especialmente si ha visto Hijos de lo Hombres, ya sabe de qué estamos hablando. Esas largas tomas sin cortes, perfectamente bien construidas y coordinadas, que convierten al entorno en un personaje más y hacen que el espectador viva la escena desde dentro y no desde fuera (de nuevo la ya explicada sensación de inmersión), aquí alcanzan su máximo colofón y complejidad técnica. Si en Hijos de los Hombres este director destacó por el empleo de unos planos secuencia brillantes (aquí va uno a modo de ejemplo), en Gravity se supera con creces. Ya para empezar, la película arranca con un plano ininterrumpido de un cuarto de hora de duración, en la que nos ponen en situación y ya consiguen que nos agarremos a la butaca aterrorizados. Una carta de presentación que deja claro cómo se las va a gastar la película. Es increíble el resultado y uno no alcanza a imaginar el gran trabajo de coordinación, interpretación y qué otros pormenores técnicos han tenido que entremezclarse para que esa primera escena salga adelante como lo hace. Una cosa está clara, no ha sido sólo mérito del ordenador, aquí hay mucho más. Sencillamente brillante, todo un disfrute de tensión y agobio.

Y es que como ya se ha dicho ese es el objetivo que persigue la película, que nos sobrecoja desde el inicio hasta el final. Hablamos de noventa minutos que no dan tregua para el respiro, en los que cuando parece que al fin vas a poder reponerte un poco, Cuarón se saca algún as de la manga y decide ponértelo un poco peor. Noventa minutos que pasan en un suspiro, pero en los que ocasionalmente podremos disfrutar de algunas escenas con una belleza visual pocas veces vista. Será en estos momentos, con una fotografía que es un regalo para los sentidos, en los que respiraremos con algo de tranquilidad.


Dejando de un lado los aspectos técnicos y centrándonos en el apartado interpretativo, podemos decir que Cuarón también ha acertado con la elección de George Clooney y Sandra Bullock (pese a que no fueron la opción inicial). El primero hace mucho de él mismo, algo que le viene muy bien a la cinta, pero sin duda la que deslumbra, carga con todo el peso, y hace que nos reconciliemos con ella es Sandra Bullock. Y es que esta mujer ha hecho gala de unos altibajos actorales más que notables a lo largo de su carrera, lo mismo la hemos podido ver en desacertadas interpretaciones como la que hizo en Demolition Man que nos ha regalado papelazos como el que se marca en Crash (colisión). Es curioso ver como ha sido candidata tanto a los Razzies como a los Globos de Oro, está claro que es una actriz capaz de mostrarnos lo mejor y lo peor de ese arte que es la interpretación. Por suerte para todos, esta es una de esas veces en que se ha sabido desgranar sabiamente el talento de esta mujer para sacar lo mejor de sí misma, construyendo un personaje con un dramático pasado aunque dibujado con sutiles pinceladas, las justas para no desviar la interpretación de su verdadero objetivo, que es el mostrarnos a una mujer que está obligada a aferrarse a cualquier clavo ardiendo para sobrevivir. El resultado, lo que muchos ya han calificado como el mejor de sus trabajos hasta ahora.

En todo este conjunto tan sobresaliente, lo único que puede desmerecer es que puntualmente (afortunadamente sólo en un par de ocasiones) se nota la imposición del espíritu Hollywood en el hacer de Cuarón. Cierto toque de aventura increíble que asoma en alguna escena y que, la verdad, no sé hasta qué punto era necesario. Minucias en cualquier caso que no empañan un resultado a todas luces sobresaliente.

Concluyendo, Gravity no es una película perfecta, pero se acerca muchísimo. Entretiene desde el inicio y no decae sino que va ganando según avanza la trama, te mantiene en vilo desde la primera toma. Es tan hermosa como agobiante, a veces terrorífica, con un apartado técnico que marca un antes y un después en el cine (y esto lo escribo con pleno convencimiento). Dramática, visualmente maravillosa, espectacular, sobresaliente en todo. Para verla en pantalla grande, a ser posible en formato 3D, y entrar de lleno en ella. Lo pone muy fácil, la verdad.


Puntos fuertes:

- La sensación de inmersión, una constante en toda la película.

- Un hito en el apartado técnico. Marca un antes y un después.

- La fotografía, esos planos secuencia, el perfecto acabado que se aprecia en todo.

- Visualmente hermosa, emocionalmente asfixiante.

- Que el mundo pueda recordar a Sandra Bullock por este papel a partir de ahora.


Flojea en: 

- Algunos momentos gratuitos de aventura que se pasan de increíbles, algo metidos con calzador.

- El 3D es sobresaliente, pero puede jugar en contra de la promoción de la película si no se aprecia con justicia todo el conjunto. Afortunadamente, las virtudes de la película son demasiadas para que eso pase.


PUNTUACIÓN: 9/10

LO IMPOSIBLE

Agua, sudor y lágrimas.


En el cine español hay talento, aunque a veces nos empeñemos en no darlo a conocer. Más allá de los eternos clichés y sambenitos que nosotros mismos nos colgamos –muchos de ellos ganados a pulso, todo hay que decirlo- lo cierto es que, en lo que al séptimo arte se refiere, tenemos un plantel de guionistas, directores, técnicos y demás fauna artístico-creativa que bien hilvanada pueden llegar a parir auténticas joyas, siempre y cuando se alineen los astros oportunamente claro está. Si además se cuenta con una cantidad insultante de dinero que financie la película, pues mejor que mejor. Y no es que esto último sea imprescindible para hacer una obra de calidad, pero que ayuda lo suyo también es más que evidente.

Por supuesto, también tenemos mucha mediocridad y mucho parásito en la industria, pero no creo que este post sea el adecuado para hablar de ellos. Quizá en otra ocasión…

Bien, el caso es que ya tenemos Lo Imposible en las carteleras, segundo largometraje de Juan Antonio Bayona (El Orfanato) que cuenta con un reparto internacional nada desdeñable (encabezado por Naomi Watts y Ewan McGregor), inspirado en la historia real de una familia que sufrió la tragedia del tsunami que arrasó Tailandia a finales de 2004  y que está petando las taquillas. ¿Merecidamente? ¿Es esta una de esas ocasiones en las que hay motivos para sacar el orgullo patrio por nuestro cine sin complejo alguno? Vamos a verlo.

Lo primero que hay que dejar claro de Lo Imposible es su objetivo, que no es otro que buscar y tocarle la fibra sensible al espectador hasta hacer que llore a moco tendido. Esto es tan cierto como evidente: es una película diseñada y hecha a conciencia para removernos el corazón, inyectarnos en vena el dolor de sus protagonistas y, finalmente, llevarnos a una catarsis lacrimógena de padre y muy señor mío.

Esto es algo que se ve venir ya desde el arranque de la película en el que sutilmente nos van acondicionando para lo que se avecina. Los primeros minutos nos presentan a la familia protagonista en el inicio de lo que creen van a ser unas idílicas vacaciones. En esas breves escenas introductorias, donde únicamente somos espectadores del día a día en el complejo hotelero donde se alojan, nos van preparando el cuerpo con una banda sonora melancólica, regalándonos unos aciagos acordes que contrastan con la alegría de las imágenes. Y es que claro, cuando uno empieza a ver como ríen y juegan a la pelota unos niños pequeños en la piscina y de fondo está sonando una música triste de violines y piano, pues es inevitable pensar que algo malo va a pasar. Y vaya si pasa.

La trama se revela tras los terroríficos minutos en los que el tsunami entra en escena. A partir de ahí, el planteamiento al espectador no puede ser más sencillo: conocer la suerte que han corrido los miembros de la familia y acompañarlos en su odisea por reagruparse.

Propuesta simple y, sin embargo, muy eficaz. Pese a lo elemental de la fórmula, la cinta coge un ritmo que no decae en ningún momento consiguiendo que las casi dos horas de metraje sean de una intensidad poca veces vista. Eso sí, a costa de un carrusel de emociones que Bayona consigue entrando en el alma del espectador y, una vez allí, sabiendo tocar la tecla correcta en el momento adecuado.

Y es que a lo largo de la película pasaremos por estados de pura taquicardia, de relativo alivio en tensa calma, de terror, de lágrimas (muchas, pero muchas), de agobiante incertidumbre y, en definitiva, de todo un repertorio de sentimientos que, una vez finalizada la sesión, nos dejará como si nos hubiese pasado una apisonadora por encima a la vez que -sin embargo- nos hará sentir más vivos que nunca. Ese el gran mérito de esta película.

¿Y cómo lo consigue? Pues sin duda uno de sus puntos fuertes es la cuidada y muy dura ambientación. El desastre y la desolación que deja tras de sí el tsunami es tan real como crudo, excesivamente crudo quizá para algún espectador sensible. Habría sido fácil echar más mano del gore, algo que al menos en mi opinión no sucede. Hay sangre, sí, y cadáveres descompuestos, pero no es un recurso del que se abuse especialmente ni tampoco resulta gratuito: está ahí porque tiene que estar, porque Bayona quiere que vivamos la experiencia de la familia tal y como sucedió realmente. 

Otro tanto a favor de la cinta es la impecable factura técnica. Tanto en los aspectos visuales (acertado uso de las maquetas y el croma entre otros recursos), como en el sonido (algunos efectos son realmente aterradores y suenan como si estuviesen dentro de la misma sala). Lo mismo puede decirse sobre el excelente trabajo de maquillaje, que seguro le va suponer una de las muchas nominaciones a los Goya. Aquí escrito lo dejo, para que conste.

Pero sin duda lo que hace ganar más puntos a Lo Imposible, lo que realmente nos lleva a quitarnos el sombrero es la excelente dirección de los actores, un mérito achacable a Bayona (sí, podemos sacar pecho con orgullo español también por esto, ya no es sólo el fútbol). Cierto es que Ewan McGregor y Naomi Watts son dos monstruos de la interpretación, la filmografía de ambos es extensa y variada en papeles (especialmente la del primero), pero no basta tener una buena materia prima: hay que saber sacarle partido y eso es algo que el director barcelonés demuestra con creces. Y no sólo porque consiga que estos dos actores que encarnan a los padres den lo mejor de sí, sino también porque logra que los tres niños que hacen de sus hijos (primerizos todos ellos en un largometraje) estén sobradamente a la altura de los más veteranos. Aquí me veo obligado a hacer un alto en el camino y mencionar especialmente a Tom Holland, que interpreta a Lucas el hijo mayor. Es cierto que en esta película Ewan McGregor muestra uno de las trabajos más desgarradores de su carrera (la escena en la que más lágrimas soltó quien escribe esto es suya y sólo suya), y es cierto también que Naomi Watts hace un papel extremadamente físico y dramático y lo saca adelante con matrícula de honor, pero es que a este crío que es un novato le han encasquetado uno de los personajes con mayor peso en la trama -quizá el que más- y no le hace sombra nadie. En suma, no podría decir qué actores destacan sobre otros porque están todos esplendidos, pero me ha llamado la atención especialmente el papel de este niño porque el reto que tenía delante era muy difícil, y lo ha superado sobradamente. Habrá que seguirle la pista.

No sólo en la dirección de actores se aprecia el buen hacer de Bayona. También en el estilo de rodaje podemos apreciar alguna que otra delicia. Un uso bien aprovechado de la cámara nos regala varias tomas aéreas donde la desolación del tsunami se aprecia en todo su esplendor. Igualmente merecen destacarse las escenas rodadas bajo el agua, algunas de ellas rápidas y dolorosamente violentas frente a otras en las que el director se recrea con la belleza de lo macabro: las tomas de los cadáveres flotando inertes entre los escombros parecen sacadas de un cuadro de pesadilla. No obstante esto, en contadas ocasiones se abusa de ese recurso tan de moda consistente en rodar a modo de cámara al hombro, con el inevitable mareo que a más de uno le suele provocar. Afortunadamente no es ni mucho menos la tónica habitual de la cinta.

Por buscarle algún otro punto negativo (siempre tiene que haberlos), quizá esa intención de hacer llorar al espectador pueda hacerse demasiado evidente en algún momento.  Está claro que la película es dramática a más no poder y así nos la venden, pero puede que con motivo de esa búsqueda por lo trágico puntualmente haya alguna vuelta de tuerca de más en el guión (que sigue siendo sobresaliente), lo que puede provocar que a algún espectador la película se le haga empalagosa en algún momento. Aviso ya que no fue mi caso, pero es cierto que en determinadas escenas a la cinta se la ve venir en sus intenciones.

En cualquier caso, más allá del afán lacrimógeno la película funciona y muy bien. Buena muestra de ello son las cifras que está cosechando en taquilla. Como apunte, decir que quien escribe esto pudo comprobar como se proyectaba en tres salas del cine, y en todas ellas las dos últimas sesiones tenían el aforo completo. Hablar de entradas agotadas en seis sesiones con la que está cayendo y teniendo en cuenta como ha atacado la reciente subida del IVA a la industria cinematográfica, es un dato muy significativo.

En fin, toda una joya con sello patrio que luce como pocas. Una invitación al dolor y a la lágrima que quiere tocarnos la fibra, pero sin dejar de recordarnos que en situaciones extremas puede salir lo mejor de cada uno. No hay que buscarle más premisas a Lo Imposible. Lo mejor que se puede hacer para disfrutarla y sufrirla es aceptar el sencillo juego que nos propone, proveerse de palomitas, tener a mano los kleenex y dejarse llevar… como una ola (y perdón por el símil).

Puntos fuertes:

-         La sencillez y eficacia del planteamiento.
-         Ambientación y trabajo técnico en general, literalmente el tsunami entra en la sala del cine.
-         Los actores, los actores y los actores.
-         La marca española.

Flojea en:

-         Momentos muy puntuales de movimientos con cámara al hombro que pueden resultar incómodos.
-         Ocasionalmente el afán por tocarle la fibra sensible al espectador se hace un poco obvio.

PUNTUACIÓN: 8/10

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Un muy digno preludio.

Tras varios meses de absentismo por causas personales que no vienen al caso, resucito el blog con la crítica a esta precuela a la que, para ser sincero, le tenía tantas ganas como miedo.

Ganas, porque hablar de esa joya que es El Planeta de los Simios supone referirse a uno de los hitos que más ha dignificado el género de la ciencia-ficción en el cine, y cualquier intento de llevarnos al origen de aquella fabulosa historia es motivo de alegría para cualquiera que, como yo, haya disfrutado como un enano con esa película. Creo que huelga decirlo por obvio, pero por si acaso aclararé que me estoy refiriendo a la cinta original que protagonizó Charlton Heston a finales de los 60 y no al remake de Tim Burton de hace 10 años, que por mucho que me pese hay que decirlo tal y como es: no había por donde cogerlo.

Y miedo, porque precisamente esa categoría de joya hace que la idea de rodar una precuela de esta película deba cogerse con muuucho cuidado, muuuucho respeto y con vistas a hacer algo de muuuucha calidad. El Planeta de los Simios puso el listón muy alto cinematográficamente hablando e impactó entre el gran público por la historia que contaba y por su factura técnica, sobresaliente para aquella época. Su estreno, los excelentes resultados en taquilla y las favorables críticas llevaron a la inevitable sucesión de secuelas -a cada cual peor- y a una serie de TV. Son muchos fans y frikies pululando por el mundo los que con justicia veneran esta película, por eso si algún director iba a atreverse a rodar el origen de aquella historia que acabó convirtiéndose en un clásico, debía saber antes de nada que lo que tenía entre sus manos era material muy sensible.

Pues bien, ese director en concreto ha sido el británico Rupert Wyatt (The escapist), y bien puede decirse que ha superado la prueba con creces. La película atrapa desde el primer minuto y según va avanzando en su desarrollo no sólo no pierde fuelle, sino que va sumando puntos progresivamente. Quizá una de sus mayores virtudes sea su pausado ritmo, su manera de mostrarnos la evolución psicológica del simio protagonista, sin prisas y evitando la tentación de meter brusquedades en el desarrollo de la trama. Se agradece que el director haya querido dar profundidad en explicar el “porqué” de la historia, sin recurrir a efectismos gratuitos ni a grandilocuencias digitales. Y con esto no quiero decir que a la película le falten efectos especiales, que los hay como para parar un tren, pero ésta es una de esas raras ocasiones en las que el apartado técnico y visual se ha puesto al servicio de la narrativa, huyendo del espectáculo vacío que sólo busca embriagar al espectador con filigranas hechas por ordenador que, en lo que se refiere al conjunto de la historia, resultan totalmente huecas. No, aquí disfrutamos de muchas escenas trabajadas digitalmente con espectaculares resultados (atención a las secuencias del chimpancé protagonista balanceándose entre las secuoyas), que no sólo aportan fastuosidad a la película sino que además tienen su justificación en la trama. El resultado es un agradable espectáculo que va cariñosamente cogido de la mano del relato sin sobrecargarlo, y que llega a su culmen en la apabullante y espectacular última media hora de la película.

Y puestos a hablar de los efectos digitales, hay que hacer una mención especial a los simios de la cinta porque, como era de esperar, también los hay hechos por ordenador (de hecho, la mayoría son obra del CGI). Para ello se ha empleado la misma tecnología que usó James Cameron para crear sus Naa´vi en Avatar, aunque aportando alguna que otra mejora en el software. El resultado roza la perfección, pero no llega a alcanzarla: en determinadas escenas el uso del ordenador “canta” un poco, y en ciertos momentos puntuales las texturas con las que han hecho a los simios no quedan todo lo naturales que cabría esperar, aunque afortunadamente son momentos muy minoritarios y sólo se apreciarán si se ve la película con intención de buscarle algún fallo al trabajo digital. En este punto “negativo” (por llamarlo de algún modo, ya que en cualquier caso el trabajo final es sobresaliente), quizá lo que más desconcierte es que esos pequeños “peros” sucedan sobre todo con el chimpancé protagonista, César. Puede ser que, debido a su papel en la historia, hayan querido
humanizarlo más que al resto de simios, y en cierto modo su expresión delata este intento: sus rasgos faciales en algunas escenas parecen más cercanas a un hombre que a un mono. Quizá esa precisamente era la intención del equipo técnico, pero en cualquier caso el resultado es que César se diferencia claramente del resto de primates debido a esa humanización en su rostro.

Por otra parte, y sin dejar de hablar del chimpancé protagonista, es de admirar el gran trabajo de interpretación que ha hecho –otra vez– Andy Serkis, quien se ha vuelto a enfundar el traje de croma para aportar la parte mímica e interpretativa del simio, como ya hizo con Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos. Literalmente, puede decirse que este hombre ha aprendido a andar, gesticular y moverse exactamente igual que un mono. Impresiona ver el resultado final con el animal paseándose ante la cámara y pensar que, en realidad, los movimientos son los de un hombre. Un diez en ese aspecto.




El resto del tándem interpretativo, ya humano, se mantiene a la altura. Y aquí una mención especial también para James Franco, qu
ien hace un papel mucho menos frío y rígido que en otros trabajos, construyendo un personaje con una enorme carga dramática en su interior que, pese a estar atravesando una dura etapa en lo personal, sabe exteriorizarla sin aspavientos con una precisa sutileza en los gestos y miradas (muy emotiva la relación y los diálogos con su padre, enfermo de Alzheimer). El famoso dicho de “la procesión va por dentro” puede aplicarse sin pestañear a su personaje, viendo el trabajo interpretativo tan comedido que ha sabido aportarle.

Volviendo a la trama argumental, y para disfrute de los fans de El Planeta de los Simios, decir que esta precuela tiene abundantes guiños a la cinta original, muchos detalles y lecturas entre líneas que sólo los que hayan visto la primera película sabrán apreciar. No obstante, este Origen se puede disfrutar igualmente sin conocer aquella, está claro que dejará un mejor sabor de boca y gustará más a los fanáticos de la saga de los simios, pero insisto que en cualquier caso es una película dirigida todo el público, haya visto o no la película original, y garantiza el entretenimiento para todo aquel que vaya al cine buscando una buena cinta de ciencia ficción.

Un apunte, no obstante, que quizá pueda descolocar a los fanáticos de la primera película más acérrimos: en los créditos finales han incluido una última secuencia que explica la evolución que siguieron los acontecimientos posteriores y que supusieron el germen de la historia original. Pues bien, se han tomado alguna libertad en esa explicación de los hechos y así, el origen, la dolorosa verdad que tan descarnadamente descubría Charlton Heston en la última y sobrecogedora escena de El Planeta de los Simios no se corresponde al cien por cien con la explicación que han dado en esta precuela. No es que sea muy distinto, es que han variado ligeramente en algún detalle la explicación del porqué pasó lo que pasó (y hasta aquí puedo leer, que no quiero destripar ningún spoiler). También es cierto, sin embargo, que la película acaba con un final que invita a rodar una segunda parte (una secuela de la precuela, vaya), donde quién sabe si no profundizarán más en esos acontecimientos finales y los acerquen en mayor medida a la versión que sugería la primera película.


En fin, con todo puede concluirse con que se ha hecho un muy buen trabajo. Algo de agradecer en esta época en la que Hollywood anda escaso de ideas. Son muchos los remakes, nuevas versiones, adaptaciones, secuelas y precuelas innecesarias que últimamente se están fraguando desde los grandes estudios, en su mayoría con una calidad que menosprecia la cinta original en la que tienen su génesis. Afortunadamente, no ha sido el éste el caso: han conseguido hacer una precuela de El Planeta de los Simios a la altura, chapó por ello. Ahora nos toca a nosotros disfrutar de esta monada.


Puntos fuertes:


- El delicioso y pausado ritmo de la cinta, que sin embargo consigue que la historia vaya ganando en interés y no deje de atraparte.

- Los efectos especiales y su inteligente uso.

- Andy Serkis, de lo más mono.

- Esa media hora final, totalmente épica, que cierra la cinta dándole coherencia al conjunto.

- Los guiños a la película original, demuestran el cariño especial con que se han hecho las cosas.

- En resumen, ciencia-ficción de la buena.

Flojea en:

- Precisamente en esa media hora final, quizá haya alguna escena demasiado edulcorada en los últimos minutos que recuerde al Disney más ñoño.

- Alguna “cantada” de los efectos digitales, que afortunadamente son la excepción en un apartado técnico casi impecable.

- Esa explicación adicional de los créditos finales… ¿es del todo fiel a la primera película? ¿Nos guardan una sorpresa en una futura segunda parte? Ahí queda la duda.

- El cartel promocional, que cosa más fea por el amor de Dios…

PUNTUACIÓN: 8,5/10



MÁS ALLÁ DE LA VIDA


Lo que pudo haber sido y no fue.
Hay directores que nacen trayendo una cámara bajo el brazo. Artesanos del cine de los que, cuanto más te adentras en conocer su filmografía, más descubres que no han tenido ningún traspiés a lo largo de su carrera. No les encuentras ni una sola película que puedas calificar de mediocre y todas han sabido envejecer dignamente como el buen vino, siendo reconocidas con el paso de los años como obras maestras por la inmensa mayoría de los que se dedican a esto del séptimo arte. Genios del cine, en definitiva. Como tales no abundan los que podrían incluirse en esta categoría, requeriría poco más de los dedos de una mano para contarlos. Hitchcock o Kubrick son buenos ejemplos, y quizá de los más conocidos. Todas, absolutamente todas sus películas tienen un “algo” que las sitúa automáticamente muy por encima de la media.

Un escalón más abajo encontramos otra casta de directores. Aquellos que sin llegar al nivel de los genios, también son una élite en este mundillo. No todas sus películas se codean con la perfección, pero en su haber cuentan con varias (más de una y más de dos). Del mismo modo, también de vez en cuando “patinan” y sea por el motivo que sea, ocasionalmente – y sólo ocasionalmente - acaban creando una obra mediocre, muy alejada de la calidad a la que como maestros nos tienen acostumbrados.

Pues esto último es ni más ni menos lo que sucede con Más allá de la vida, un patinazo del maestro Clint Eastwood. Y eso, pese a que su sello está presente en cada plano. Técnicamente la película es de una factura impecable, sí, y está rodada con un gusto exquisito: tonos apagados que transmiten un aire melancólico en cada fotograma, una suave banda sonora donde el piano adquiere un discreto protagonismo, una inteligente estrategia en planificar la colocación y en los movimientos de la cámara… en definitiva, el buen gusto para rodar que evoca mucho al cine clásico de toda la vida y que viene siendo la marca habitual del director.
Sin embargo el fondo y la narrativa de la historia no consiguen atrapar al espectador, la trama en ningún momento llega a enganchar y eso que parte de un planteamiento que a priori resulta cuanto menos atractivo. Tres historias independientes, narradas paralelamente durante toda la película, y que acabarán convergiendo en un punto concreto hacia el final de la historia: una mujer que sobrevive milagrosamente a un tsunami, un niño que pierde a su hermano gemelo y un médium que vive condenado por su capacidad para contactar con los espíritus.

Pese al trasfondo paranormal común de los tres relatos, hay que decir que no estamos ni ante un thriller esotérico, ni ante una cinta de terror, ni ante ningún otro género que caiga en los habituales clichés que suelen tener las películas de esta temática. Más allá de la vida es básicamente un drama sobre personas que buscan respuestas, la evolución personal de tres personajes que comparten un denominador común, la experiencia de la muerte.

Con este planteamiento, y sabiendo que es Clint Eastwood quien está detrás de las cámaras, cualquiera podría esperarse algo sobresaliente. Lamentablemente no es así, la película peca de un ritmo extremadamente lento que no termina de despegar del todo. Ninguna de las tres historias tiene el fuelle suficiente para mantener vivo el interés a lo largo de todo el metraje, dando como resultado una trama que tarda más de dos horas en contar algo que apenas requeriría 20 minutos. Ese es, quizá, el mayor defecto de Más allá de la vida: alargar innecesariamente cada una de las tres historias que transcurren de forma totalmente autónoma sin interrelacionarse, salvo en el final de la cinta –por cierto bastante previsible a partir de cierto punto–, donde improvisadamente el argumento pega un forzadísimo giro hacia el género romántico que no hay quien se lo crea. Y lo que resulta más sorprendente es que este fallo lo encontremos, precisamente, en el trabajo de un titán como es Clint Eastwood, el hombre que le ha regalado al mundo maravillas como Mystic River o Million Dollar Baby, cintas éstas que a diferencia de la que ocupa estas líneas tienen la virtud de atraparte desde el primer momento.

Pese a todo, el conjunto no puede decirse que sea malo. La película tiene sus puntos a favor, destacando el buen gusto y el mimo habituales del director a la hora de rodar. De igual modo, la autenticidad y el realismo a la hora de llevar a la pantalla la cotidianidad de las clases medias-bajas, algo presente en toda la filmografía del sr. Eastwood, también se muestra aquí con la misma brillantez de siempre. Pero lamentablemente el balance impide que se pueda calificar a la película de buena. Sencillamente, no destaca. Se queda en el terreno de lo mediocre, es algo tibio, que podría haber dado mucho más de sí y que no llega a ofrecer todo lo que se podría esperar. Quizá, de las tres historias, la más interesante sea la del médium –interpretado por Matt Damon– que tiene algunas escenas brillantes (especialmente las de las clases de cocina italiana) y nos presenta al personaje con más riqueza y fondo psicológico, pero incluso esa historia, al final, nos deja una agridulce sensación de haberse desaprovechado.

Con el trabajo interpretativo pasa tres cuartas partes de lo mismo. Ninguno de los protagonistas tiene un lucimiento especial (bien es cierto que los papeles tampoco lo requieren necesariamente), llegando algunos incluso a ser del todo anodinos. Especial mención aquí, como aspecto negativo, al personaje del niño: totalmente inexpresivo e incapaz de transmitir veracidad en algunas escenas clave. Algo que no se entiende, puesto que si algo sabe hacer el sr. Eastwood es sacar de los actores lo mejor que tienen guardado. Aún no he visto a ningún otro director conseguir de Angelina Jolie lo que este hombre logró en El Intercambio.

En fin, que la maestría de este director no se discute y es algo que ya ha quedado demostrado en anteriores trabajos suyos. Pero lamentablemente incluso los maestros tropiezan ocasionalmente, y en esta ocasión así ha sido. Una lástima, porque la idea inicial daba para mucho más que esto. Otra vez será.




Puntos fuertes:
- El estilo clásico del director a la hora de rodar.
- La idea en sí.
- La escena del flirteo entre el médium y la chica recién llegada a la ciudad en la clase de cocina italiana, con Nessum Dorma sonando de fondo.
- El personaje de Matt Damon.

Flojea en:
- Dos horas para contar una historia que no requería más de 20 minutos.
- La falta de “agarre” de la trama en general.
- El niño protagonista.
- Ese giro al final de la historia metido con calzador.

PUNTUACIÓN: 6/10

PRECIOUS


Carne de lagrimal.

Algo bueno debía tener la “opera prima” de Lee Daniels como director -hasta entonces sólo se le conocía como productor de otras cintas- para haberse labrado la ascendente trayectoria promocional que tuvo el pasado año. Precious se estrenó en el festival de Sundance de 2009 huérfana de distribuidor y con el unánime apoyo de la crítica, que no escatimó en elogios hacia la película. Ello, junto a la noticia de que el titán mediático Oprah Winfrey quería apadrinar la promoción del film hizo que el boca a boca se encargase del resto. En España la cinta también gozó de alabanzas por parte de los presuntos entendidos del celuloide, y ello pese a que la distribución de copias en las salas de cine fue más bien discreta.

Basada en la novela “Push” de Sapphire, el argumento ya nos pone sobre aviso acerca de lo que vamos a ver: Clarice Precious Jones es una adolescente afroamericana con obesidad mórbida que vive en Harlem con su madre. Aunque fantasea con una vida llena de glamour, fama y lujos, la realidad en la que está sumida es totalmente distinta. Con 16 años, está embarazada de su segundo hijo. Ambas criaturas son fruto de las violaciones a las que fue sometida por parte de su propio padre, quien huyó del hogar desentendiéndose de todo. Analfabeta y con la autoestima bajo tierra, en casa no encuentra el apoyo que necesita, su madre la humilla constantemente y abusa de ella tanto física como psicológicamente. Este segundo embarazo provoca su expulsión del instituto, lo que hará que ingrese en una escuela alternativa para intentar dar un giro a su malograda vida.



Con este punto de partida, antes de ver la película uno ya intuye que lo que va meterse por la retina no es precisamente una comedia de los hermanos Marx. Esto es un dramón en toda la regla, duro hasta doler en el alma, que aunque nos presenta una historia más propia de un telefilm de sobremesa, sin embargo no llega a caer en éste. ¿Y qué tiene Precious que hace que no se confunda con el típico melodrama fácil de Antena 3 a la hora de la siesta? Pues para empezar una técnica de rodaje que en ocasiones parece cercana al documental (escenas filmadas cámara en hombro con su inevitable tambaleo, que afortunadamente en este caso no llega a marear) y, en otras, juega con elementos de montaje más propios de un videoclip musical (fundidos superpuestos de los actores en una misma toma). A eso hay que sumarle una fotografía sórdida y sucia, especialmente oscura en las escenas que transcurren con la madre dentro del hogar, algo que le quita cualquier artificialidad a la historia. Precisamente esa es una de las virtudes de Precious: que destila realidad en cada toma, no hay nada edulcorado o adornado aquí, visualmente es una película cruda –aunque no del todo explícita- con una sinceridad que hace que las escenas te las creas del todo. Sólo los momentos en que se nos muestran las fantasías de la protagonista, sus ensoñaciones como estrella del espectáculo, hacen gala de un estilo visual más luminoso y limpio, contrastando la sombría realidad con ese mundo mágico –y superficial- que anhela y sabe que nunca llegará a conocer.


Y ese realismo conseguido con la puesta en escena termina de perfeccionarse gracias a las sobresalientes interpretaciones de las dos protagonistas, madre e hija. Este es sin duda el punto más fuerte de la película. La debutante Gabourey Sidibe que interpreta a Precious es, sencillamente, la naturalidad en estado puro. Hace suyo el papel, se mete en la piel del personaje y nos lo muestra sin engaños ni adornos: sus lágrimas son tan dolorosamente reales que es muy difícil no conmoverse en ciertas escenas. Una lástima el doblaje que le han asignado, que aunque no puede decirse que sea desacorde con el personaje, para mi gusto lo “embrutece” un poco de más.

La verdad es que en líneas generales puede decirse que hay una gran labor en la dirección de actores de esta película. He destacado el papel de Precious y de su madre por ser las que llevan el mayor peso de la cinta (evítese el chiste fácil), pero el resto del reparto –femenino en su gran mayoría- también está más que correcto. Incluso dos estrellas del mundo de la canción, Lenny Kravitz y Mariah Carey, que hasta ahora no se habían prodigado precisamente por sus dotes interpretativas (sobre todo la última… véase Glitter) salvan la situación muy dignamente, lo que es de aplaudir teniendo en cuenta con quienes se están midiendo en las escenas en las que aparecen.

Con todo esto, Precious lamentablemente cae en varios tópicos del género. La historia que cuenta no es para nada nueva, el mensaje de superación que quiere transmitir tampoco, el tema de la escuela para chicos con problemas está más que visto, y pese a que el elemento trágico en esta ocasión es superior al de otras películas –hay que reconocer que la vida de la protagonista no da tregua para la alegría- en determinados momentos de la cinta se hace demasiado evidente que se está buscando sacarle la lágrima al espectador. Son partes muy puntuales del metraje y afortunadamente no son excesivas, pero sí que pueden recordar aunque sea levemente al típico telefilm de sobremesa, si bien repito que en líneas generales la película no es eso. Estamos ante algo mucho más elaborado y sincero.

Nada puedo decir, por otra parte, del libro “Push” en el que se basa la cinta porque no lo he leído, aunque por lo que se comenta en ciertos foros es más duro todavía, lo cual intimida bastante. La película, en cualquier caso, es para tenerla muy en cuenta, las muchas nominaciones que tuvo dan cuenta de ello. Sólo destacaré los Oscar de la Academia, de los que fue candidata a mejor película, mejor dirección, mejor montaje, mejor actriz, mejor actriz de reparto y mejor guión adaptado, llevándose el premio en estas dos últimas nominaciones. Lo dicho, para tenerla muy en cuenta



Puntos fuertes:
- Lo real y sincero en la manera de contar la historia.
- Excelente nivel interpretativo, destacando a Gabourey Sidibe y Mo´nique.
- El afán de superación, pese a todo.

Flojea en:

- Demasiados tópicos.
- Puntualmente se tambalea y casi cae en el melodrama de sobremesa.


Puntuación: 7,5/10

ORIGEN.


Gracias, Nolan, por estar ahí.

Ha querido el azar – o quizá yo lo haya forzado un poco – que inaugure este blog hablando de la última película de Christopher Nolan, en la cual él solito se ha hecho cargo de la dirección y del guión. Y digo que probablemente haya sido más por elección mía que debido a la casualidad, prefiero no andarme con rodeos y mostrar las cartas desde el principio: soy un incondicional de este hombre. Hasta la fecha, todo lo que ha rodado me ha parecido de una calidad sobresaliente, no en vano tengo su filmografía casi al completo en la estantería del salón de mi casa, a la espera de completarla con Insomnia (que seguro que también acabará cayendo). Por eso, desde hace ya unos meses que supe acerca de la existencia de Origen -por aquel entonces aún en fase de postproducción- llevaba esperando con un ansia casi enfermiza su estreno en nuestros cines… mi pobre mujer puede corroborarlo.

Pues bien, hoy por fin me he podido dar mi “chute” de Nolan y tengo que reconocer que no he salido decepcionado en absoluto, y eso que iba con las expectativas muy altas. Pero dejemos las cosas claras: Origen es, por encima de todo, una película que únicamente busca entretener al espectador sin dar lecciones de moralidad a nadie, sin mensajes trascendentales. Sin embargo, huye de los convencionalismos típicos del cine palomitero y, lejos de contar con un argumento plano, nos presenta un guión con una arquitectura muy compleja y sólida. Aún así, consigue que la trama principal se entienda perfectamente, y quizá sea ésta una de sus mayores virtudes: pese a lo enrevesado de la historia, la excelente narrativa hace que ésta pueda seguirse sin que el espectador se pierda demasiado, al menos en lo que constituye el núcleo central del argumento. No obstante, es cierto que resulta relativamente fácil que la primera vez que se vea la película al espectador medio se le quede suelto algún cabo, que aunque no le impedirá comprender el grueso de la historia -insisto, la trama principal se sigue muy bien- sí que puede dejar con las ganas de dedicarle un segundo visionado para terminar de “coger” esos detalles que se hayan podido pasar por alto.


Se dice, se comenta, se rumorea que esto último es una estrategia muy estudiada para hacer más caja en taquilla. Sea intencionado o no, la película cuenta con una primera parte introductoria en la que se nos explica el planteamiento de lo que va a ser la misión de los protagonistas, el objetivo sobre el cual girará toda la historia: una especie de “sabotaje” sobre la mente del futuro heredero de un imperio empresarial, con el fin de implantarle una idea accediendo a su subconsciente a través de los sueños. Aquí en esta parte inicial ya reconocemos el primer sello inconfundible de Nolan: Origen comienza con un arranque en el cual se nos da una cantidad ingente de información, los diálogos se suceden con bastante rapidez y hay que estar pendiente desde el principio para poder captar el mayor número de detalles posible. Esto es, a la vez, virtud y defecto, porque aunque por un lado se consigue captar nuestra atención desde el inicio sumergiéndonos de lleno en la historia, por otra parte obliga al espectador a estar con los cinco sentidos abiertos para no perder detalle, para no pasar por alto ninguna conversación en la que se darán claves que permitirán entender ciertas escenas posteriores.

Una vez transcurrida esa parte introductoria y ya con los protagonistas metidos de lleno en su misión, el resto de la cinta va alternando partes de acción y espionaje, algunas con mayor fuerza e intensidad que otras, pero en cualquier caso todas con una factura técnica sobresaliente. Destacar el inteligente uso de los efectos especiales, perfectamente justificados en la trama sin que en ningún caso den la sensación de estar ahí “de relleno”. Al fin y al cabo, la mayor parte de la historia se desarrolla en escenarios oníricos, y eso da mucho juego para introducir los malabarismos visuales que se ven – y se disfrutan – en esta película. Una auténtica gozada. Esta es hasta la fecha, con diferencia, la cinta de Nolan que más hace gala de los efectos visuales generados por ordenador (CGI para los amigos), sin que no obstante llegue a abusar de este recurso. De igual modo y siguiendo con el aspecto visual, llama la atención la maestría en el uso de la cámara lenta y la excelente fotografía en general, luminosa y nítida, alternada con algunas escenas más grises que en ningún caso llegan a crear una ambientación totalmente oscura.

A nivel interpretativo, todos los actores cumplen y con creces, pero me ha llamado especialmente la atención Leonardo Di Caprio. En esta película, al igual que en los últimos trabajos que ha hecho (me viene a la mente ahora mismo Diamante de Sangre e Infiltrados, entre otras) nos regala una interpretación de carácter marcadamente maduro y contenida, creando un personaje creíble, muy complejo y sin caer en histrionismos fáciles pese a que alguna secuencia concreta se presta a ello. La verdad es que últimamente parece que este hombre deja el listón muy alto en todos los proyectos en los que se mete, está claro que ha superado el handicap que supone tener unos rasgos de eterno adolescente, huyendo del encasillamiento fácil. Todavía podría asumir papeles de “guaperas” envuelve-carpetas de adolescentes hormonalmente inquietas, pero se está atreviendo con personajes de mayor reto interpretativo. Se agradece, lo cierto es que ya apuntaba maneras desde sus inicios, pero es que según ha ido pasando el tiempo no ha hecho más que consagrarse asumiendo retos nada fáciles como actor, salvo alguna que otra excepción (¿alguien ha dicho Titanic por ahí?).

El resto del reparto tampoco le va a la zaga a Di Caprio, ninguno de los actores chirría a la hora de afrontar su papel y eso que todos ellos tienen un protagonismo más que considerable. La verdad es que salvo Michael Caine – que apenas aparece en un par de escenas – todos los personajes asumen bastante peso en la trama, perfilándose como secundarios con mucho protagonismo podría decirse. Sin embargo y por poner una pega, no habría estado de más darle algo más de “chicha” al personaje interpretado por Ellen Page, que me ha parecido el menos aprovechado teniendo en cuenta su papel en la misión: ni más ni menos que la arquitecta que diseña los mundos oníricos, ahí es nada. Esta chica ya ha demostrado más de una vez que sabe aportar carisma a un personaje (si alguien tiene dudas que vea Juno), y quizá se le podría haber sacado algo más de jugo en esta película.

Entrando en la banda sonora, pues con destacar que es Hans Zimmer quien lleva la batuta creo que ya está todo dicho. Quienes sigan las partituras de este hombre ya intuirán el nivel de calidad del que estamos hablando (Rain Man, El Rey León, Gladiator o El Código Da Vinci, entre muchas otras). En Origen se juega con instrumentos orquestales clásicos y con sintetizadores, integrándose a la perfección la música en la trama de modo fluido, sin excesos, pero subiendo la intensidad cuando las escenas lo requieren. De igual manera, toma un carácter más épico en algunas partes concretas, especialmente las que se desarrollan en el mundo onírico. Me ha gustado especialmente el uso de los instrumentos de viento en algunos fragmentos: ese sonido similar a un cuerno vikingo, que oímos como va in crescendo desde el mismo inicio de la película y que luego se repite varias veces a lo largo de a cinta, no consigo quitármelo de la cabeza.

Por concluir, y pese a que ya he dejado claro lo idolatrado que tengo a Christopher Nolan, siendo objetivo hay que reconocer que Origen no llega a la categoría de “Obra Maestra” (poquísimas cintas se merecen ese calificativo). Es una película como la copa de un pino, eso que quede claro, pero patina en algunos aspectos. Además de lo ya comentado sobre el atropellado inicio de la cinta, en alguna que otra parte de la trama – especialmente hacia el final – se concentran en exceso demasiadas escenas de acción a la vez. Muchos tiros, muchas persecuciones, muchas peleas, sucedidas todas ellas en distintos planos de la historia pero que son mostradas todas sin descanso y de golpe, quizá para darle a la cinta un ritmo más frenético y emocionante, pero que al menos para mi gusto en algún momento puntual me llegó a cargar un poco.

Sin embargo, en conjunto se puede decir que Origen es una película sobresaliente. Densa pero relativamente fácil de seguir, que sabe atraparte con una historia muy atractiva (de la cual por cierto he intentado dar pocos detalles por no destripar nada de la trama). Se le ha acusado en otros círculos de beber en exceso de otras cintas del género, especialmente de Matrix, algo que no comparto: Origen es menos compleja que la trilogía de ésta última. El único paralelismo que encontramos entre ambas es que en ellas los personajes se mueven entre dos mundos, uno real y otro ficticio. Salvo eso, se trata de dos historias completamente distintas y narradas de un modo diferente. Quizá sea cierto que Origen pueda estar inspirada en otras películas, pero al final el resultado obtenido es entretenimiento puro y duro y, al menos para mí, innovador en su conjunto. Nolan lo ha vuelto hacer, ha vuelto a parir otra genialidad, ha vuelto a demostrar que es un maestro en lo suyo. Gracias por regalarme estas dos horas y media de CINE con mayúsculas.

Puntos fuertes:

- El guión y el argumento en su conjunto.
- La claridad en el planteamiento y la narración de la trama, teniendo en cuenta lo enrevesado de la historia.
- Esa primera parte explicativa de la misión de los personajes, destacando la instrucción de la arquitecta exponiendo como funciona el mundo de los sueños, una maravilla a todos los niveles.
- Los efectos visuales, la recreación del mundo onírico, el apartado técnico en general.
- Banda sonora… es Hans Zimmer ¿para qué decir más?
- Que dura dos horas y media y sin embargo me supo a poco.
- Película ideal para comentar después con los amigos con unas cañas delante.

Flojea en:
- Ciertos diálogos importantes se suceden demasiado deprisa, hay que estar atento al 100% para no perder detalle.
- El personaje de Ellen Page… ¿no podrían haberlo exprimido más?
- Una parte final demasiado cargada de acción. Que hubiesen dado un poco más de tregua no habría estado mal.

PUNTUACIÓN: 9/10.